Era el año 1989, Emelec había clasificado a la Libertadores como campeón, después de un torneo que se decidió por finales en 1988 (El bombillo había vencido 3-0 al Deportivo Quito en casa, y 1-1 a domicilio). Atlético Nacional no venía como campeón de su nación (recordar que para entonces solo dos equipos clasificaban por país). El Grupo 3 de ese año de Copa Libertadores estuvo integrado por los campeones y subcampeones de Colombia: Millonarios y Atlético, y de Ecuador, Emelec y Deportivo Quito.
Emelec ya había ganado 1-0 como local a Deportivo Quito en la Copa, y ahora recibía a los verdolagas en el estadio Modelo (en junio de ese año el Capwell entraría en remodelación debido a su precaria condición). Ante 35000 personas ese día pitó el peruano Carlos Montalbán, cotejo donde se adelantaría el equipo cafetero al final del primer tiempo, por medio de John Trellez, mientras que empató de penal Miguel Falero (67'), uruguayo que había sido campeón con el bombillo el año anterior. La crónica recoge que el "Pacho" Maturana, técnico de los colombianos, se dedicó a defender y contragolpear, teniendo la defensa un papel brillante donde conseguía llevarse el empate 1-1 desde Guayaquil.
Al final ese sería el último punto que ganaría JR Silva entonces timonel azul (actual DT de Aucas) en esa Copa Libertadores. En la visita a Medellín caería 3-1 y Atlético pasaría como segundo del grupo a octavos, en ese equipo con estrellas como Higuita, Escobar, Alvárez y los demás que terminarían ganando la Copa Libertadores de esa edición.
A una semana del sensible fallecimiento de "el flaco" (18 de septiembre), creí pertinente que nuestra página debía hacerle un humilde homenaje. Me tomé mi tiempo para leer las crónicas, su historia, sus goles; mentiría si les digo que lo vi jugar, porque somos de una generación distinta; por eso me tomé tiempo para informarme debidamente... no quiero restar gloria a quien fue uno de los símbolos del club.
Por @caminantealfa Siempre recordarás esas primeras veces, quedarán atesoradas en tu corazón, estarán en la parte de arriba del baúl de los recuerdos. Las volverás a vivir, las volverás a sentir allí en el subconsciente, más todavía cuando son tan espectaculares.Emelec venía con el precedente, de nunca haber ganado a Peñarol en 5 partidos previos. Además los cuadros charrúas siempre se hacían poderosos en el Capwell, parecían inexpugnables. Se convertían en dragones, se hacían leyenda en la caldera. Tanto así que en 8 partidos por Copa Libertadores disputados en Guayaquil, frente a equipos uruguayos, apenas ganó uno y perdió 7.La cima se veía elevada para la prensa, la ecuatoriana, ellos veían la victoria eléctrica, como escalar el Everest; pero el hincha azul tenía fe. Tenía fe en su equipo, y fe en el Capwell, que era como una especie de santuario donde se debilitaban los gigantes. El estadio se abarrotó de hinchas que elevaron una plegaria en forma de cántico; como en el coliseo romano, el público quería ver a los humanos ser devorados por leones... salieron los leones, vestidos de azul, y se encendió la hoguera.Fue una lid impresionante, aunque la vi, no puedo evitar mezclar parte de lo real y parte del mito. Lo que sí es cierto es que Emelec fue superior todo el primer tiempo, Peñarol sufrió por controlar a un Marcos Caicedo que cuando encendía las luces, eludía a todos los rivales, los demás se movían en cámara lenta a su paso ¡Mala suerte, tremenda individualidad y tirazo que pegó en el poste! El arco no dejó de temblar todo el partido.Peñarol fue sometido el segundo tiempo también, Marcos Caicedo lo volvió a hacer, llegó al fondo ¡Mandó el pase hacia atrás con el arquero y 3 defensas jugados!... Sin embargo, Enner Valencia no le apuntó al arco, la pelota se fue a cualquier parte, menos a ese inmenso arco vacío ¡Qué oportunidad desperdiciada!Y el reloj parecía correr más rápido a medida que se acercaba el fin... Muchos se rascaban la cabeza, alzaban los ojos a los cielos. Parecía uno más de esos encuentros donde Emelec domina, pero que un arquero inspirado consigue salvar un punto. Nasuti vio esa injusticia y dijo ¡No!En el fútbol, cuando la estrategia regular no consigue el objetivo (gol), hay que recurrir al hombre no programado. Nasuti subió, se tuvo fe, la fe que tenían los miles de hinchas emelecistas del Ecuador, que seguían viendo a su equipo. Pedro Quiñónez levantó el centro de tiro libre, y Nasuti corrió al encuentro, de la historia, al encuentro con la gloria, lo quisieron detener... pero ya era demasiado tarde. La pelota se fue al fondo del arco impulsada por la fe de Nasuti, de los 10, de los espectadores, de la hinchada. El arquero ya la vio adentro cuando despertó del trance, en medio de los gritos ensordecedores del estadio. Peñarol había soñado que se llevaba el empate, pero ese estruendo del viejo Capwell los trajo a la realidad, vieron que eran más pequeños de lo que ellos pensaban. Luego Gaibor, de tiro libre selló la victoria, con clase. Para que aprecie la prensa internacional que este equipo no solo tiene velocidad, potencia, juego en equipo, sino que es elegante.Los uruguayos no podían creerlo. Se iban con las manos vacías de Guayaquil, por primera vez en la historia... Se cumplió el sueño de los guerreros y se acrecentó la leyenda de una fortaleza llamada Estadio Capwell, ahí donde contaban los abuelos, que hasta los más valientes caían.